La publicidad de cerveza Heineken llamada “Walk in fridge”, se convirtió en publicidad viral extendiéndose como pedo por todo internet. En el anuncio, una pareja invita a sus amigos a su nueva casa. La mujer le muestra a las pelotudas de sus amigas su nuevo vestidor (al mejor estilo Carrie en la peli de “Sex & the City“), mientras que el tipo le enseña a los chomas, su “vestidor” lleno de cervezas.
“Se dice que el robo del banco Río, fue un robo perfecto, pero nosotros tenemos un rosarino que se mandó la estafa perfecta.”
Ocurrió un viernes a la 17 hs.
Ingresa a una joyería importante de Rosario una pareja, el señor no aparentaba ser una persona adinerada, y ella era una mina infernal 100%, como decimos nosotros un YEGUÓN.
Hay 5 pruebas. Esta es una verdadera prueba psicológica.
PRUEBA 1
Es la historia de una niña:
En el funeral de su madre, vio a un hombre joven que no conocía. Es fantástico, el hombre de sus sueños. Es el amor a primera vista, cae irremediablemente enamorada. Unos días más tarde, la chica mata a su propia hermana.
Text by Steven F. Shundich
Special to the Sun-Sentinel
“Having lived in Uruguay for a period of time (six months), I have encountered many native words that in a matter of seconds can transform even the ugliest of tourists into a welcome and honored guest. But before introducing these secrets of Uruguayan communication, it is essential to first master The Nevers of Conversation with an Uruguayan.
Never ask, “And what part of Paraguay do you live in?” Always say. “Oh, yes, Uruguay; the country of 3.2 million Spanish speaking people located on the Atlantic Coast of South America… South of Brazil and North of Argentina—across the Rio de la Plata from Buenos Aires—granted independence with the help of national hero General Artigas in 1828.”
Never say, “I am an American.” Uruguayans are Americans, too. Say, “I am a North American.”
Now, with the basics, how can the door be opened? By using the same key words that the Uruguayan will use.
Algunos "veteranos" como yo, recordarán aquel personaje por la década del 70, que era un pequeño pinguinito – o cosa parecida porque la verdad que si no me lo decian no me enteraba – que usaba unos gorretes con un pompóm encima, además de colgarse un chupete más grande que su cerebro. Aquel pinguinito se llamaba Petete y andaba jodiendo siempre con una enciclopedia bajo el brazo, con la cual curraba a lo loco, llamada "El Libro Gordo de Petete" y se pasaba hablando en verso.
Acá está la versión X-rated del pervertido Petete: